La evaluación no sólo debe ser un acto
que simplemente se refiere a la asignación de calificaciones, sino también ha
sido un instrumento indispensable que los docentes utilizamos para explicar y comprender
el proceso educativo. Luego entonces, la evaluación es también un instrumento
externo y objetivizado que mide la conducta observable de los alumnos.
La
evaluación que realizo la llevo a cabo en distintos momentos, desde la
evaluación diagnóstica por medio de un examen de conocimientos y de comprensión
lectora; así como la evaluación continua que realizo a través de la
observación, con portafolio de evidencias, exposiciones, proyectos, estudios de
casos, basándome en listas de cotejo y guías de observación principalmente. Respecto
a las rúbricas que manejo en las materias
que imparto, los alumnos deben conocerlas desde el inicio de curso para saber
cuáles son los rubros o criterios que serán evaluados y la ponderación que se
le da a cada uno de ellos. La ponderación queda de la siguiente manera: Examen
escrito 50%, evaluación continúa 30%, portafolio de evidencias 20%. Aunado a ello he tratado de implicar a los
alumnos en su proceso de aprendizaje y evaluación, lo cual ellos realizan por
medio de la autoevaluación y coevaluación, sin embargo no siempre me resulta
favorable, ya que considero los jóvenes no muestran responsabilidad y objetividad al evaluar el trabajo propio y de
los demás compañeros. Concretamente, dependiendo de los proyectos o la
asignatura, evalúo a través de una rúbrica holística sobre todo por la cantidad
de alumnos que se tienen y por la diversidad de materias.
Ciertamente la evaluación por
competencias es muy difícil sobre todo por los tiempos que tenemos frente a
grupo y por la diversidad de actividades administrativas que tenemos, sin
embargo he tratado de que mi plan de clase lo incluya para facilitar los
tiempos de aplicación y obtener buenos
resultados.